30 de diciembre de 2007

LOS REYES MAGOS


Apenas su madre se había sentado al llegar a casa, dispuesta, a escucharle como todos los días lo que su hijo le contaba de sus actividades en el colegio, cuando éste en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Mamá?
- Sí, hijo, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hijo. Siempre te la digo -respondió la madre un poco sorprendida
- Es que... -titubeó Gonzalo
- Dime, hijo, dime.
- Mamá, ¿existen los Reyes Magos?
La Madre de Gonzalo se quedó muda, miró a su marido, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Los niños dicen que son a los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Gonzalo le obligó a volver la mirada hacia el niño y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hijo?
- Yo no sé, mamá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como los niños dicen eso.
- Mira, hijo, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó el niño con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió la madre cogiendo con sus dos manos la cara de Gonzalo.
- Entonces no lo entiendo, mamá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo la madre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Gonzalo se sentó entre sus padres ansioso de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su madre se dispuso a narrar lo que para ella debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
-¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
-¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
-¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando la madre de Gonzalo hubo terminado de contar esta historia, el niño se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo mamá. Y estoy muy contento de saber que me queréis y que no me habéis engañado. Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Gracias: a su autor/
a: laika234... y a quien me lo envió: elen....

29 de diciembre de 2007

TRES POPULARES TÍTULOS QUE NO PUDIERON ESCUCHAR LOS OYENTES DE R.N.E. EN LOS AÑOS 50 Y 60.

“OJOS VERDES”
CONSCIENTES DE LA CENSURA, LAS DISCOGRÁFICAS INTENTARON QUITAR CRUDEZA A LA LETRA. NO SIRVIÓ DE NADA. UNA MUJER CANTA LA COPLA EN EL QUICIO DE LA MANCEBÍA (PROSTÍBULO).
Apoyá en el quicio de la mancebía, miraba encenderse la noche de mayo. Pasaban los hombres y yo sonreía, hasta que en mi puerta paraste el caballo. Serrana ¿me das candela? Y yo te dije gaché (andaluz). Ay, ven y tómame mis labios y yo fuego te daré. Dejaste el caballo y lumbre te di y fueron dos verdes luceros de mayo tus ojos pa mí. Ojos verdes, verdes como la albahaca”.

“SE VA EL CAIMÁN”
SE CENSURÓ A FINALES DE LOS 50 PORQUE TENÍA UN CARÁCTER POLÍTICO SOTERRADO. SE COMENTABA QUE EL CAIMÁN ERA UNA ALUSIÓN DIRECTA A FRANCO. Y LA LETRA PEDÍA SE FUERA.
“Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla. Voy a empezar mi relato con alegría y con afán. En la población de El Pato se vivió un hombre caimán, se va para Barranquilla. La mujer es un jardín que de todo tiene un algo. Es un camino tan largo que nadie le ha visto el fin. Se va el caimán, se va para Barranquilla. Se va el caimán, se va el caimán”.

“CACHITO”
A GLORIA LASSO LE CENSURARON ESTA CANCIÓN, QUE CONSUELO VELÁZQUEZ DEDICÓ A SU HIJO. LOS CENSORES LA VETARON PORQUE CACHITO PODRÍA SER INTERPRETADO COMO EL PENE.
“Cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio. Te quiero, te quiero y al fin bendigo, bendigo la suerte de ser tu amor. Me preguntan que por qué eres mi cachito y yo siento muy bonito al responder: porque eres de mi vida un pedacito al que quiero como a nadie he de querer. A tu lado yo no sé que es la tristeza y las horas se me pasan sin sentir. Tú me miras y yo pierdo la cabeza.
Extraido del: Periódico.

25 de diciembre de 2007

Y el Niño no nació en Belén...


Las religiones quieren sencillez y si a los clientes les complican las creencias, se van a un templo de la competencia y se dan de alta. Hoy es Navidad….Pero no para todos los creyentes. Es Navidad para los que nos regimos por el calendario gregoriano. Los que siguen las pautas julianas, en cambio, como los rusos, no celebrarán la fiesta hasta nuestro 7 de enero. Cumplir con la fe es un lío considerable.
Ahora nos llega la noticia de que el niño llamado Jesús, cuyo nacimiento celebramos hoy, no vino al mundo en Belén, tal como atestiguan documentos y cánticos, sino en Nazaret, Por lo visto, todo se debe al poco esmero del apóstol Lucas, que promocionó el nombre errático en vez de hacerlo con el verdadero. Le dieron crédito los pontífices, y así se perpetuó el desatino, hasta que llegó el puntilloso Benedicto XVI, que parece convencido de tener que cumplir la misión de corregir el error.
El embrollo puede ser de dimensiones tremebundas. Toda la mitología del portal se derrumba. La criatura nació en el taller de carpintería del anciano José, en el que no tenía nada que hacer el buey y la mula. Muchos lugares en los que se ha representado durante siglos una versión de Els pastorets perderán el encanto.
Si el Papa persiste en la idea, se planteará el problema con los que cada año, en el día de hoy, aparecen por Belén a adorar al niño. Los Reyes Magos no tendrán ningún problema, porque los camellos son portadores de GPS, que les guiará. Pero gentes sencillas, como el caganer, irán errantes en busca de Nazaret. Cuentan que hubo una estrella que guiaba a los peregrinos. Pero parece que no pagaban la luz y se la cortaron.
Reflexione el Papa sobre los problemas del cambio. Por menos, se montó algún cisma.

AUTOR: Josep Pernau.

22 de diciembre de 2007

"AGUA VIRTUAL"



El profesor nipón Taikan Oki ha desarrollado el concepto de “agua virtual” para cuantificar los litros que absorbe diariamente una persona. Ojo, beber, solo bebemos dos o tres litros; usar, ya son unos 300, entre la ducha, fregar los platos, lavar la ropa…Pero, en realidad, si contabilizamos todo el agua que hemos usufructuado durante un día, alcanzamos los 3.000 litros. ¿Cómo gastamos tanta agua? Por ejemplo, para cultivar un kilo de trigo, se requieren 2.000 litros; para uno de ternera, 20.000 litros que incluyen el agua de la alimentación del animal. Cada bistec de 100 gramos lleva dentro dos toneladas de agua, aunque no lo notemos en el sabor. No es una broma ni una exageración de ecologista iluminado: son rigurosos estudios del Instituto de Ciencia Industrial de la Universidad de Tokio.

Con este argumento, los artistas Shinici Takemura y Taku Satog han construido una máquina de vending (venta automática), donde se muestran diversos platos de comida, y cuando aprietas el botón correspondiente, te imprime un tíquet con la cantidad de agua virtual que estás gastando. Por ejemplo, una hamburguesa y una cervecita suman 2.170 litros, y unos espaguetis, 1.500.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos, pero mientras vivimos somos polvo mezclado con un 70 % de agua. Es la proporción de líquido en nuestro cuerpo, y curiosamente la superficie acuosa de la Tierra.

Esperemos que la Expo de Zaragoza, dedicada al agua, sepa refrescarnos sobre el cuidado de esta curiosa materia. Y misteriosa, porque es la única que, cuando se enfría, en vez de contraerse se expande, y, al calentarse, en vez de aumentar desaparece. Al contrario de lo que sucede con el amor.

Autor: Juli Capella.

16 de diciembre de 2007

"HOJA SECAS"


Para la chiquillería de mi época, pisar hojas secas era una de las obsesiones propias del otoño. Eran unos tiempos en qué aquello activaba la imaginación y permitía sacar todo el zumo de las pequeñas cosas.
Cuando salíamos al campo, no solíamos ir solos, puesto que nos acompañaban las madrinas a cosechar hierba para los conejos, a espigar trigo o trufas y recoger picos por hacer fuego.
Pero la chiquillería siempre encontraba algo por iniciar el juego. Un día, después de una carrera desenfrenada por hacer el máximo de ruido pisando hojas secas, perdí una zapatilla cosa que provocó la risa de toda la camaradería infantil. Entonces, la madrina sentenció: -Ya lo sabes, o la encuentras o habrás de ir a la pata coja descalza
No era para menos, porque aquellas zapatillas eran el único calzado de qué disponía. Cuando se despuntaban me ponían un trozo de ropa usada. Recuerdo que eran de marca “La Cadena” y compradas en la zapatería de la calle Mayor, dónde también me compraban los zapatos de invierno –unas botas de media caña de piel de conejo de color entre verde y gris curvadas y con suela de madera enganchada a la piel de conejo con una fina lámina de lata clavada con tachuelas
Cuando cumplí diez años, me compraron unos zapatos de cuero basto suelas de goma que decían que eran de rueda de tractor y que provenían de América. Me debían servir para el invierno
Como que se podía comprar poco y éramos muchos quienes nos encontrábamos en aquellas condiciones, siempre me aconsejaban que me comparara con quienes estaban peor, porque así me sentiría afortunada. Por desgracia, y haciendo, algo de memoria histórica, se recuerda con tristeza todos aquellos niños que, con sus madres, pasaban atados con cuerdas. Habían intentado cruzar la frontera y, tras dormir en Casa Dora, los traían de regreso a su lugar de origen. O también aquella chiquillería que empezaba a llegar de otras regiones de España, con sus padres deseosos de encontrar una vida mejor.
Tengo presente un día en el hospital de la Villa. Una amiga de Saneja hizo la comunión, y sus padres, como muestra de agradecimiento, trajeron presentes para los pobres que pedían en el hospital. Como se pueden imaginar, acompañamos a los padres en aquel acto tan triste. Nos recibió una monja con un niño a los brazos. A propósito del niño, que era un saco de huesos y mocos, la monja dijo: - No vivirá demasiado, está así de la “miseria”.
Aunque la chiquillería tiene facilidad por habituarse a muchas cosas, incluso desagradables, aquellos hechos me marcaron profundamente. Tanto que cuando, este otoño los medios de comunicación se han referido a tristes acontecimientos, tan actuales como del pasado, me han hecho aflorar aquellos recuerdos casi arrinconados. Por esto he decidido salir al campo y buscar, en la sonoridad del pisar las hojas secas, la parte más agradable de un otoño.

“Semproriana”