
Masaru Emoto, licenciado en Relaciones Internacionales y en Medicina Alternativa, es el responsable de un interesante estudio sobre las propiedades sanadoras del agua en todas sus formas. Conjuntamente con un investigador californiano que estudiaba las vibraciones más sutiles de las moléculas de agua utilizando la técnica de la resonancia magnética, se formuló la siguiente pregunta: ¿sería posible reflejar las cualidades sanadoras de diferentes tipos de agua de una manera visible y palpable? La idea de llevar a cabo este estudio le llegó al intentar fotografiar los cristales hexagonales que formaban distintas muestras de agua al helarse. De esas imágenes dedujo su sorprendente hipótesis: ciertas muestras de agua corriente de grandes urbes presentaban una estructura de cristalización muy tosca, mientras que muestras de agua de manantiales ofrecian cristales de una gran belleza. Extendió así su área de estudio al fotografiar cristalizaciones de agua de diversos lugares del mundo (glaciares, lagos, agua de lluvia, fuentes), y obtuvo cristales de formas más bellas y sorprendentes cuanto más alejados se hallaban del quehacer humano. Lo que más le extrañó fue conseguir transformar irregulares patrones de agua contaminada en los más bellos cristales hexagonales al someter las muestras a la audición de canciones tradicionales, oraciones religiosas o música clásica. O transformar indiferentes cristales de agua destilada en bellos patrones geométricos al susurrarles palabras amables, o bien al contrario, obtener horrorosas estructuras al someterlas a frases desagradables. Según las averiguaciones de Masaru Emoto, los cristales de agua helada son capaces de transmitirnos mensajes que hablan de su propio estado de ánimo y por lo tanto también de la salud de la que disfruta o no nuestro planeta.
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Extraído de un artículo publicado en el suplemento del periódico La Vanguardia, titulado “Nieve sana y sin esquís”. Escrito por Margarita Puig.

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